29 de julio de 2010

Nacionalismo catalán y toros: ¿Libertad para quién?

La ley de prohibición supone, además, un nuevo recorte de libertades. Libertades son derechos de los ciudadanos.


¿El fin del toreo en Cataluña?
Hoy, el Parlamento Catalán ha aprobado una ley para la prohibición de los toros, la llamada Fiesta Nacional. Se trata de un debate artificial, levantado con tal de polemizar, crispar a la población y reafirmarse en el nacionalismo separatista de los partidos en el poder en Cataluña. Pero ante todo se trata de eliminar todo lo que pueda sonar a nación española, pues molesta mucho a los separatistas que alguien pueda identificarse con la enseña nacional rojigualda de tres franjas, que son tradicionalmente los colores que adornan las plazas de toros. Los toros son, también, un reducto de la Vieja España, una España remota y unida que hoy no interesa a ese nacionalismo separatista inventado sobre la marcha, que campa por comunidades autónomas llamadas históricas sólo en función de algo que hubo en la nefasta segunda república, porque con anterioridad esa supuesta identidad nacional nunca había existido. En todo caso existía y existe una identidad cultural regional, que es otra cosa diferente.

El prohibicionismo parte, asimismo, de una mentalidad totalitaria. En el socialismo nadie puede vivir según su libre albedrío, o usando una frase célebre del gran Rey de Prusia Federico el Grande, para que "cada uno pueda ser feliz a su manera". Esa visión de la vida horroriza a cualquier socialista, porque en el socialismo sólo se puede vivir según lo que considera adecuado el partido o el régimen, porque para eso se ha inventado el igualitarismo, según el cual todos tienen que tener lo mismo y vivir igual de mal y reglamentado - menos los que deciden estas medidas, según el lema de que "todos son iguales, sólo que algunos son más iguales que los demñás". En este sentido, Montilla es un prototipo de socialista totalitario: Como miembro de la nomenclatura del partido o del régimen, ni él ni los suyos tienen que vivir de la forma ordenada para los ciudadanos en general. Sus hijas van al Colegio Alemán de Barcelona San Alberto Magno para recibir la enseñanza en alemán y español y aprender bien inglés y francés o incluso latín, mientras que sus "súbditos" están condenados a estudiar en catalán sin poder elegir el español como lengua de enseñanza. Y así, si investigásemos a los demás integrantes del régimen separatista catalán, la execpcionalidad en el trato del poco honorable Montilla también se dará en sus camaradas. ¿Y qué nos apostamos si hablamos de brindar con espumoso? No me sorprendería que lo hagan con champán francés.

La prohibición de los toros no sale gratuita a los contribuyentes catalanes, porque implica elevadísimas indemnizaciones a ganaderos y plazas de toros. Pero con tal de eliminar otro signo de identidad española, el régimen separatista catalán no escatima en despilfarro. No sólo quiere quitar una forma de entretenimiento a los amantes de la tauromaquia, sino encima quiere que paguen las consecuencias de la prohibición todos los contribuyentes catalanes, les gusten o no les gusten los toros. Sin la prohibición la fiesta nacional al menos se autofinancia - si dejamos de lado las subvenciones que reciben los ganaderos de las arcas vacías de la Unión Europea, pero que hasta cierto punto podrían tener justificación, ya que la cría de toros protege amplias zonas de campo y monte en España, usadas casi exclusivamente para este tipo de ganadería.

La ley de prohibición supone, además, un nuevo recorte de libertades. Libertades son derechos de los ciudadanos. Cuando el peor de todos los presidentes de gobierno de España accedió al poder prometía más libertades y más derechos para los ciudadanos. Pero la realidad es que los socialistas, en unión con otros partidos de extrema izquierda, no han hecho sino recortar derechos y libertades. Comparado con la época de la transición, hoy nos encontramos fuertemente encorsetados entre prohibiciones y una persecución por medio de vigilancia, denunciación y coacción en forma de multas varias. A los ciudadanos nos queda cada vez menos margen de decidir por nosotros mismos, y en cada esquina espera el estado para imponernos sanciones. Por añadidura, en Cataluña no se puede ni tener un negocio en la lengua que uno quiera para dirigirse al público deseado, porque el régimen separatista catalán nos impone la lengua en la que deben desarrollarse las transacciones comerciales. Y de la misma forma coloca a comisarios lingüísticos en patios de colegio para vigilar que nadie se atreva a hablar en otra lengua que no sea el catalán. ¿Quién es el estado para imponer a nadie la lengua que debe usar en su tiempo libre?

Montilla debe ser un buen marxista-leninista, porque a todas luces ha interiorizado bien el lema del dictador ruso: Libertad ¿para quién? ¿para qué?

En las próximas elecciones los ciudadanos de Cataluña deberán tener claro si quieren marxismo-leninismo o si quieren libertad. En 1933, una mayoría relativa de alemanes se decidió en contra de la libertad, mientras que la mayoría de los alemanes fue traicionada por la oposición en el parlamento que dio casi íntegramente su voto a favor de la ley de apoderamiento para convertir al pequeño dictador autríaco en tirano. Una vez entregada la libertad en forma de un cheque en blanco, no hay marcha atrás.

En Cataluña sólo queda un partido que defiende esa libertad frente a los otros que permiten o ejercen la tiranía. Reforzar su representación parlamentaria servirá para que sobreviva un baluarte de la libertad en Cataluña, para seguir denunciando los atropellos del régimen separatista catalán y seguir defendiendo un orden constitucional de libertades y derechos puesto en precario por la nomenclatura socialista en España. Es el partido que defiende también la libertad de poder disfrutar de los toros, porque es decisión de cada uno si quiere que exista esta mezcla entre entretenimiento, deporte y arte. Porque la libertad del ciudadano es lo que tiene que prevalecer. Ciudadanos es el Partido de la Ciudadanía, no de la nomenclatura del régimen. Porque lo que cuenta son los ciudadanos, no las ideologías trasnochadas del pasado.

Pedro Schwenzer, Secretario de Comunicación de la Federación Centro de C's



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27 de junio de 2010

Euskadi como modelo

Lo más parecido hoy en España a la normalidad y la sensatez alemana es la política vasca.


Hay algo que uno le agradece sinceramente a Patxi López porque sus esfuerzos le habrá costado: que hasta el presente no se haya puesto a hacer rojerío barato para soliviantar a la derecha como el que andan haciendo los socialistas de otras comunidades autónomas y el propio Ejecutivo de Zapatero. En los tiempos que corren es de agradecer que el Gobierno vasco, al menos de momento (vamos a tocar madera) no haya hecho ninguna campaña laicista contra la Navidad o el Olentzero ni ningún cómic pornográfico de Jesucristo o la Virgen de Begoña ni ninguna página informática en la que haya una sección que les ilustre sobre el sexo oral y el anal a los menores y a las 'menoras' de dicha parte del planeta como ha ocurrido en la página web de la Consejería de Sanidad catalana dirigida por la inefable Marina Geli. Marina Geli ya fue noticia hace unos meses por encargar una encuesta de 30.000 euros en la que se hacían preguntas tan capitales para el futuro de Cataluña como la opinión que tenían de la propia Marina Geli los niños de entre siete y catorce años. Lo que ha hecho ahora, como lo que hizo entonces, no es una aberración ni una inmundicia ni una terrible inmoralidad sino una imbecilidad pura y simple.

Es de agradecer que el País Vasco sea hoy la antítesis de esos últimos coletazos provocadores, pueriles y tontorroncetes del zapaterismo; de todos esos cebos, anzuelos y trapos a los, por suerte, tampoco creo que entraría el PP de Basagoiti. Y es de agradecer a este último que tampoco se haya puesto a usar la ideología para crispar, para chinchar, para romper cosas en vez de para construirlas. Porque habría modos de dañar y desgastar el pacto vasco de socialistas y populares que no son el fantasma de la negociación con ETA ni el miedo al regreso de ese fantasma. Usar la ideología permanentemente para irritar y ningunear y provocar al adversario sería uno de ellos y muy eficaz. Lo que hace hoy imposible un acuerdo entre el Gobierno español, la oposición, los sectores sindicales y los empresariales, o sea un compromiso a la alemana o una sencilla reedición de los Pactos de La Moncloa es que la ideología sigue siendo un arma de provocación y distracción en manos de Zapatero. Yo es que no me imagino a Angela Merkel de manifa con los obispos por muy demócrata cristiana que sea ni a Sigmar Gabriel ni a Gerhard Schröder ni a Willy Brandt buscando los restos de un García Lorca judío asesinado en Auchswitz o en Buchenwald, que habrá a puñados.

Euskadi como modelo, sí. Yo es que creo que lo más parecido hoy en España a la solidaridad, la normalidad y la sensatez alemanas es la política vasca. Y no hablo sólo de López y Basagoiti sino también de Urkullu y de su elegante visita a la sede del PP vasco hace unos días sin recibir ninguna prebenda a cambio. Cuando Iturgaiz, Oreja y San Gil quisieron ver al PNV tuvieron que ir a Sabin Etxea.

Iñaki Ezkerra

13 de junio de 2010

Iñaki Ezkerra: 'Huelga - tongo'

Confieso mi desconcierto y perplejidad ante la fracasada huelga de funcionarios. Pero lo que más me deja perplejo es que esa huelga fracasara adrede y por la voluntad de los que la convocaron.


Confieso mi desconcierto y perplejidad ante la fracasada huelga de funcionarios. Fue la primera vez en mi vida que no supe muy bien qué es lo que debía desear: que triunfara para ver en apuros al Gobierno o que fracasara para ver en apuros a los sindicatos, para que se demostrara su escasa capacidad de movilización y que no representan al mundo de los trabajadores que dicen representar.

Pero lo que más me deja perplejo es que esa huelga fracasara adrede y por la voluntad de los que la convocaron, o sea que la UGT, para ayudar a Zapatero y no empujarle al precipicio electoral, prefiriera autoinmolarse públicamente convocándola sin convicción y que ahora prepare otra representación laboral-teatral de parecidas características. Porque la huelga general que se está anunciando va a ser otro paripé de una disconformidad ligth con la política de recortes sociales del Zapatazo; una huelga de arte y ensayo en la que sí se protestará pero no se protestará sino todo lo contrario; una huelga-trampa ante la que tampoco sabe uno bien lo que debe desear, una huelga del zapaterismo contra el zapaterismo.

Si uno desea que gane estará fingiendo creer ese simulacro extemporáneo y rancio de destemplado obrerismo que quiere representar Cándido Méndez, ese neosindicalismo posmoderno, liberado y subvencionado, entre ultramontano y florentino que muestra una cabezota social-racial de gigante de la Isla de Pascua pero a la vez un discurso blandito y flojeras que es un tongo ante al poder.

26 de mayo de 2010

Iñaki Ezkerra: 'Europenitencia'

Confieso que me da pena que se acabe la presidencia europea de Zapatero. Me ha sabido a poco. Medio año más, porfa, y nos lo hacen todo un hombre a base de varapalos.


Confieso que me da pena que se acabe la presidencia europea de Zapatero. Me ha sabido a poco. Por mí podría prolongarse medio año más. Medio añito más de eurorrapapolvos y eurotirones de orejas, de euromociones de censura planetarias, de eurocumbres con nadie. A Zapatero le pasa lo que a aquel personaje de Wody Allen que en una de las «Historias de Nueva York» creía haberse librado de una madre regañona, pero luego ésta se le reaparece a tamaño gigantesco en el cielo de la ciudad, abroncándole sobre el Empire State. Con la conjunción entre cósmica y cómica de esta accidentada presidencia, Zapatero creía haberse librado de Rajoy en una providencial eurohuida hacia adelante, pero éste se le ha reaparecido a gran escala en el cielo de Bruselas para regañarle. Resulta que Europa era Rajoy y que le repite por los altavoces internacionales lo que Rajoy le decía. Resulta que también Obama se ha transformado en Rajoy. La planetarización de Zapatero ha sido su ruina porque con ella se ha mundializado el discurso de la oposición. El mundo se le ha convertido en un gran PP.

Medio año más, porfa, y nos lo hacen todo un hombre a base de varapalos. Para Zapatero lo de Europa ha sido como la mili aquella que se hacía antes. Medio año más aunque Zapatero no lo desee y le esté rezando a Nuestra Señora de los ateos: «Virgencita, por lo menos que me quede como estaba».

11 de abril de 2010

Francesc de Carreras: 'En el PP, ¿alguien manda ahí?'

¿Alguien manda ahí? La sensación es que no. Que el PP es un conjunto de reinos de taifas sin una dirección que lo unifique. Un partido así no puede suscitar confianza.


No acabo de entender la estrategia política del PP si lo que pretende es ganar las próximas elecciones. Realmente, no la entiendo. Parece que se conforma con ir en las encuestas tres o cuatro puntos por delante del PSOE y esperar que el gobierno de Zapatero vaya perdiendo apoyos a medida que la crisis económica se agudiza. Además, confía, supongo, en un electorado fiel que siempre le votará, haga lo que haga y diga lo que diga. Sus estrategas electorales quizás saben lo que se hacen, aunque pienso que van por un camino errado.

Y bien fácil lo tenían. Aún cuando todavía pueden rectificar, el tiempo pasa y Rajoy cada vez se parece más a un don Tancredo mudo atado de pies y manos. “Mejor no hacer nada que equivocarse”: quizás es su lema, esperar y ver, wait and see. Y es posible que tenga razón: se me escapan, por desconocimiento, las cuitas internas que debe haber en el partido. Pero, como simple observador, tengo la impresión de que si el gobierno de Zapatero ha decepcionado, el llamado primer partido de la oposición todavía ilusiona menos.

Lo tenía fácil el PP porque la trayectoria del gobierno Zapatero iba de mal en peor. Ya en la primera legislatura cometió dos errores de bulto: confiar sin ningún fundamento en un acuerdo con ETA y reformar el sistema autonómico español a partir de las ideas de los nacionalistas catalanes, una instancia de parte que no pretendía arreglar los problemas del conjunto sino sólo sus propios problemas. Si en el pacto con ETA se mostró ingenuo, en el estatuto catalán se comportó con frivolidad, más aún al pasar una desmesurada patata caliente al Tribunal Constitucional, una instancia jurisdiccional que un presidente con sentido de Estado debería siempre dejar al margen de la contienda política. Sin embargo, en 2008 volvió a ganar: señal de que el PP todavía suscitaba menos confianza.

En la legislatura actual, el Gobierno Zapatero todavía se lo ha puesto más fácil al PP, pero éste no lo está aprovechando, más bien al contrario. La gran suerte de Zapatero es, precisamente, la oposición que le ha tocado, en lo mal que esta ejerce su papel. Quizás los ciudadanos no dieron importancia al error que supuso intentar pactar con ETA, quizás tampoco comprendieron los riesgos del desorden autonómico. Pero seguro que han dado importancia y comprenden los errores del Gobierno ante la crisis económica, una cuestión que les cae más cerca.

Primero el Gobierno negó la crisis: afectaba sólo a Estados Unidos, no a nosotros. Después se acusó de la misma a una conspiración de los especuladores internacionales y a unos medios de comunicación interesadamente derrotistas. En la siguiente fase, con la realidad desnuda a la vista, se optó por una política de paños calientes: se adoptaron multitud de pequeñas medidas sectoriales que, juntas, han supuesto un gasto público desmedido y, probablemente, inútil, que se tardará años en pagar, diciendo siempre, en tono populista, que no se rebajaría el gasto social. Ahora estamos ya en una nueva etapa que contradice todas las anteriores: la crisis es estructural, afecta muy especialmente a España y las próximas medidas rebajarán este gasto social hasta ahora intocable.

En fin, imposible una peor gestión de la crisis por parte del presidente Zapatero y de su gabinete. Pues bien, en todo este período de dos años, el PP ha criticado sin excepción todas las medidas del Gobierno pero no ha propuesto ninguna política alternativa global, ni siquiera ha efectuado un diagnóstico serio de la situación. Es decir, ha hecho lo mismo que el Gobierno pero desde el banco de la oposición. Si el PSOE lo ha hecho mal, el PP lo ha hecho igual de mal y, dada su más cómoda posición, ello quiere decir que lo ha hecho peor.

La guinda la estamos viendo en las dos últimas semanas: en la Semana Santa el asunto Jaume Matas, en la de Pascua el caso Gürtel. Ambos no sólo previsibles sino asegurados desde hace muchos meses. Si Zapatero negaba la crisis, el PP ha estado negando la corrupción.

En efecto, la dirección del PP debía conocer la envergadura de ambos casos y si no lo sabía, peor, es que no conoce ni a los suyos. No crean los dirigentes del PP que la opinión pública distinguirá entre si se trata de una financiación directa del partido o simplemente de un negocio sucio de algunos aprovechados. La opinión pública sabe que el choriceo alcanza a altos cargos del partido, a diputados y senadores, a parlamentarios autonómicos y a europarlamentarios, a concejales, alcaldes y presidentes de Diputación, así como a personas de confianza, personajes tales como Correa y El Bigotes. Con esto basta para hacerse una buena composición de lugar que sirva para condicionar el voto de cada elector. Después los jueces, quién sabe cuando, determinarán las responsabilidades penales. Pero el efecto político ya se ha conseguido al no haberse evacuado las responsabilidades políticas antes, en el seno del mismo partido. Todavía Luis Bárcenas sigue siendo senador, con despacho en la calle Génova. Es sólo un ejemplo, también hay otros.

¿Alguien manda ahí? La sensación es que no. Que el PP es un conjunto de reinos de taifas sin una dirección que lo unifique. Un partido así no puede suscitar confianza. No se sabe quién tiene más suerte: si Zapatero por tener como oposición al PP o éste por tener un gobierno tan endeble como el de Zapatero. El dilema es tremendo y la desafección de los ciudadanos comprensible.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona

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22 de marzo de 2010

Iñaki Ezkerra: 'Terroristas españoles'

Y es que españoles son y españoles parecen los etarras a su pesar y al nuestro. En Francia no distinguen entre nacionalistas y constitucionalistas ni entre vascos y catalanes.


La explicación del chusco episodio y de la pesadilla que han vivido en Francia cinco bomberos catalanes hay que buscarla en las palabras del presidente de Francia, Sarkozy. Nicolas Sarkozy no habla de vascos ni de separatistas. Habla de «terroristas españoles».

Y es que españoles son y españoles parecen los etarras a su pesar y al nuestro. En Francia no distinguen entre nacionalistas y constitucionalistas ni entre vascos y catalanes. Para ellos, Otegi y Carod Rovira son dos españolazos como la peineta de la Pantoja. Cuando ETA asesina a un gendarme o a un guardia civil es el «terrorismo español» el que «ha vuelto a actuar».

Es el País Vasco; es Galicia; es Canarias; es Cataluña con sus bomberos; es España, en fin, la que pierde. Pierde España y perdemos todos los españoles por más que busquemos entre nosotros distancias y diferencias que al resto de la Humanidad les importan un huevo.

Con los bomberos catalanes ha pasado en Francia como ocurrió en Estados Unidos tras el 11 de Septiembre con todos los que se llamaban Alí o Mohamed.

Hoy te cogen por Francia sin afeitarte y sales en los papeles maltratado por las tintas del fotomatón de la gendarmería de Saint-Tropez. Pero el error humano se produce –no lo olvidemos–porque se está persiguiendo a la banda terrorista ETA. Con Giscard no había ningún peligro de que se cometieran estos errores. Con Giscard no habría ETA tiroterado a ningún gendarme. 


Mª Victoria Longares: 'Meterse en un charco'

ETA, que desde hace tiempo cambia continuamente de dirigentes porque se les va deteniendo, matando a un gendarme se ha metido definitivamente en un charco del que será muy difícil quitarse el barro.


Chovinismo: (Del fr. chauvinisme, patriotismo fanático). 1. m. Exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. (RAE).

Tradicionalmente, los españoles hemos considerado que los franceses son chovinistas. Lo hemos insertado en nuestro lenguaje como una segunda piel. Aunque, al parecer, los etarras, a pesar de vivir en Francia y de creer más que nadie que hay normas, conductas y hasta características físicas diferentes en cada uno de los pueblos, lo han olvidado.

"Qué error, qué inmenso error", que diría Ricardo de la Cierva como una flecha en llamas que se pierde en el horizonte para repetir lo que ya sabíamos todos: en Francia se consideraba que ETA era un problema que tenía España, que ellos, luchadores por la libertad, hacían bien dejándoles un reducto de impunidad en Les Pyrénées Atlantiques.

En el pasado, Francia levantó la guardia con la aparición del GAL. Pero no en un primer momento, cuando los matones eran profesionales, cuando cruzaban la frontera y mataban a un etarra. Francia veía esos asesinatos como la madre complaciente que sonríe ante la lagartija aplastada con una piedra por su hijo.

-¡Qué buena puntería tiene Juanito! -puede comentar.

Pero hete aquí que los Amedo, Domínguez y compañía decidieron empezar a gastarse el dinero ellos solitos en negocios distantes de lo pactado e invertir una pequeña parte en la muerte de aquellos que debían matar. Contrataron sicarios de poca monta y empezaron las equivocaciones. Se secuestraba a ciudadanos inocentes, se ametrallaba a bebedores de vino en un bar y la ciudadanía de la zona empezó a sentirse insegura.

Lo que son las cosas; gracias a ello, los franceses comenzaron a extraditar etarras al otro lado de la frontera. La chapuza, la inconsciencia, el latrocinio y la desviación del crimen de Estado rindieron mayores consecuencias y beneficios políticos que el trabajo bien hecho.

Porque los franceses comprendieron que ya no era una lucha entre españoles. Que podía afectar a su propia seguridad.

Ahora sucede algo parecido. Los gendarmes detenían algunos etarras y los enviaban como haciéndonos un favor, pero los habitantes hacían la vista gorda ante vecinos extraños: "a mí no me molestan", "lo que hagan con su vida, a mí no me importa". Incluso podían pensar "son patriotas", como ellos mismos se llaman -"abertzales"-, algo sublime y altruista, algo impalpable pero digno, algo honorífico y excelente, algo impregnado de una superior calidad.

Pero han matado a un agente de policía francés. Y ya las medias tintas se han terminado. Sarkozy los tacha de terroristas sin paliativos. Tendrán cadena perpetua si los pescan. Se van a caer con todo el equipo porque un gendarme francés vale más que diez españoles. Y los franceses empezarán a mirar con recelo a sus vecinos. Y contarán a la policía que "conocen un vasco muy raro". Y el cerco se estrechará.

Porque no hay mayor error que morder la mano que te da de comer.

ETA, que desde hace tiempo cambia continuamente de dirigentes porque se les va deteniendo, se ha metido definitivamente en un charco del que le será muy difícil quitarse el barro.

Porque lo que practican los franceses es patriotismo puro y duro. Y saben que pueden confiar en su sistema judicial, que protege a los inocentes. Allí, el Tribunal Supremo no absolvería a ningún ciudadano que pidiera un aplauso cariñoso para los que han matado a su gendarme. Caería sobre esa persona todo el peso de una ley justa, inequívoca, que ha costado una Revolución y ha dado una dignidad al pueblo frente a los atropellos.

Y es que en Francia serán muy chovinistas, pero saben muy bien lo que es la dignidad.

Mª Victoria Longares, coordinadora de la Agrupación Madrid de C's- Ciudadanos